Búsqueda de personas

Auto Date Jueves, Noviembre 22nd, 2007

AyudanosDependiente del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Registro de Búsqueda de Personas Adultas con Padecimientos Mentales e Incapaces coordina la búsqueda de quienes sufren alguna enfermedad mental -por ejemplo, mal de Alzheimer- y se extraviaron de su núcleo familiar o de alguna institución. Entre las distintas tareas que realiza, esta entidad difunde los datos de las personas buscadas, apelando a la solidaridad de la comunidad e incentivando a los ciudadanos a que aporten información sobre los paraderos solicitados.

De ahí la decisión de incorporar el banner y el link correspondiente en la barra de navegación derecha de este blog. Ojalá la iniciativa arroje buenos resultados.

En el nombre del hijo

Auto Date Miércoles, Octubre 24th, 2007

Padre e Hija, de Daniel MaltzmanParadójicamente (o no), este blog fue creado por la hija de un enfermo de Alzheimer -quien suscribe- y sin embargo hasta hoy no posee ningún artículo específico sobre las repercusiones de la patología en estos términos parentales. Es más. Existe un post sobre el síndrome del cuidador, otro sobre la experiencia del cónyuge pero, en cambio, ninguno que aborde especialmente la cuestión filial.

Mientras la paradoja es evidente; la ausencia de paradoja es apenas explicable. Por lo pronto, éste es un primer intento después de transcurrido el tiempo necesario para reconocer el alcance del mal, las secuelas de una amenaza que juega con nociones de genética, de herencia, de transmisibilidad.

Para muchos, ser hijo de un enfermo de Alzheimer significa llevar el Alzheimer en la sangre, en el cuerpo o, peor aún, en la cabeza. Como si la naturaleza nos hubiera diseñado para que -tarde o temprano- nuestro cerebro empiece a incorporar (a copiar) fallas, síntomas, taras, conductas del progenitor afectado.

Para muchos, ser hijo de un enfermo de Alzheimer supone la tarea de lidiar casi a diario con temores referidos a un futuro anclado en el pasado, a la posible repetición de una experiencia que -aún cuando termina- sigue respirándonos en la nuca.

Para muchos, ser hijo de un enfermo de Alzheimer es sinónimo de exigencia. Exigencia que consiste en asistir a nuestro padre/madre mientras padece el mal. Exigencia que consiste en mantener la cordura aún cuando a veces nos sentimos mordidos por las fauces de la locura. Exigencia cuando, ante la despersonalización de nuestro padre/madre, debemos buscar la manera de rescatar -en el peor de los casos restaurar o reconstruir- recuerdos.

Para muchos, ser hijo de un enfermo de Alzheimer encierra un gran sentimiento de culpa. Culpa por decidir, consentir, fundamentar, impulsar la idea de una internación en una última morada que (¿hace falta aclararlo?) no es el hogar familiar. Culpa por pensar en la muerte como salvación única y final. Culpa por querer olvidar lo inolvidable.

Para mí, ser hija de un enfermo de Alzheimer es todo eso y mucho más. Por lo pronto, también es pelearse con los médicos; es luchar por una sobrevida digna; es alertar a los pares; es apostar a la esperanza; es honrar a la memoria. Es, por supuesto, seguir manteniendo este blog… en nombre de la imprescriptible condición filial.

Otro intento de explicación

Auto Date Lunes, Septiembre 3rd, 2007

Otro intento de explicacionHace algunas semanas, el neurobiólogo Luis María Sánchez de Machado me envió un mail con información sobre la Dementización Crónica Progresiva (DCP), expresión que designa de una manera más científica a la demencia senil, y que supone otro intento de explicación sobre el mal descubierto por Alois Alzheimer. A continuación, transcribo los principios básicos de estos nuevos postulados.

*** La DCP se distingue de la depresión, la psicosis y las conductas a veces sorprendentes en un envejecimiento normal. De niguna manera le toca a cualquiera: no existe predisposición familiar, cuestión azarosa ni fenómeno contaminante que valgan.

*** El proceso de dementización puede afectar tanto a adultos jóvenes o mayores como a adultos muy mayores, de 80 años o más. Entre los primeros, corren más riesgos aquellas personas introvertidas, poco sociales, con dificultades a la hora de enfrentar desafíos, tendientes a depender de otros y a aferrarse a acontecimientos penosos propios y/o ajenos. Entre los adultos muy mayores, el problema se origina en la pérdida de la motivación vital, en el abandono de los sueños, en cierta resignación ante la muerte.

*** La probabilidad de contraer DCP aumenta con los años, cuando estas personas con determinado perfil no saben/pueden afrontar las pérdidas asociadas al paso del tiempo, por ejemplo la muerte de un esposo/a, la partida de los hijos, la jubilación, la pérdida de capacidades corporales y mentales. Este “dejarse estar” empieza a bloquear la recepción de estímulos por los nueve canales sensoriales, y a producir un fenómeno parecido a la atrofia de un músculo que no se ejercita más.

*** Dado este bloqueo paulatino, los enfermos de Alzheimer pierden poco a poco los sentidos del olfato, del gusto, de la orientación espacial, de la audición, del equilibrio, de la visión, del tacto, de la familiaridad/lo extraño y de la percepción corporal. Por otra parte, ante la conformación de redes neuronales débiles con baja estimulación sensorial, los pacientes también pierden la capacidad de recordar/recuperar eventos menores recientes.

*** Por todo esto, los indicadores biológicos más sólidos que permiten detectar un proceso de dementización son las fallas de los sistemas de reconocimiento sensorial. De hecho, la progresiva desintegración de las redes neuronales por déficit de estimulación constituye la esencia de la DCP, y conduce a la muerte porque un sistema esencial automático tiene conexiones con redes sensoriales tan específicas como vitales.

*** La Dementización Crónica Progresiva no es entonces una enfermedad genética, y tampoco es un problema propio de la memoria sino de la atención, y antes de la motivación, y antes de pulsiones biológicas y psicológicas que rigen nuestra voluntad, y aún antes de un estado primitivo de alerta inherente a nuestra condición animal.

*** Por último, el mal de Alzheimer tampoco supone necesariamente un proceso irreversible. Por lo pronto, elevarles a estas personas la autoestima, trabajar de tal manera que puedan reemplazar la idea abstracta de muerte por el deseo de vida real, insertarlos en una nueva cotidianeidad reivindicadora son acciones que, implementadas en forma conjunta, suelen arrojar resultados positivos.

Transplante alentador

Auto Date Viernes, Agosto 3rd, 2007

Transplante de celulas. Croquis extraido de Nature.comDesde Suecia, Cecilia tuvo la amabilidad de hacerme llegar la transcripción de una noticia sobre un nuevo tratamiento que, de manera conjunta, ensayan la Universidad Karolinska de Estocolmo y la Universidad de Florida Central. A continuación, el resumen.
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Según el texto enviado, los investigadores de ambas entidades habrían encontrado la manera de generar nuevas células nerviosas capaces de reemplazar a aquéllas destruídas por algunas enfermedades mentales como el mal de Alzheimer.

De acuerdo con la nota periodística, los científicos habrían transplantado células con un tratamiento a base de Fenserín. Aunque todavía en espera de su aprobación oficial, esta droga ya está siendo utilizada en Karolinska, con enfermos de demencia senil, y al parecer los resultados han sido alentadores.

En principio, este nuevo tratamiento no sólo lograría impedir la evolución de la enfermedad, sino también revertir sus efectos. Existe, no obstante, una limitación: como el transplante de células es una operación compleja, los entendidos opinan que este nuevo tratamiento podrá aplicarse fundamentalmente a los pacientes más jóvenes, que recién atraviesan la primera fase de la enfermedad.

Habrá que estar atentos a lo que suceda con el correr del tiempo, y con la multiplicación de nuevos hallazgos médicos. Mientras tanto, nunca está de más mantener cierto espíritu crítico ante la difusión científica de los medios.

Esperanza a medias

Auto Date Miércoles, Julio 25th, 2007

El futuro Complejo Comunitario Higinia

En el transcurso de esta semana, me topé con dos artículos periodísticos sobre la creación de dos centros de atención especializados en enfermos de Alzheimer. Ambos proyectos son españoles -uno en La Rioja (se trata del Complejo Comunitario Higinia) y otro en Vigo (en la Casa do Mar). En principio, ambos estarán listos para fin de año.

Estos anuncios resultan esperanzadores porque significan un cambio de rumbo en el tratamiento de quienes padecen demencia senil. Al menos desde el sentido común, uno piensa que un establecimiento especializado resultará más eficiente que un lugar donde conviven distintos tipos de pacientes, con distintas necesidades.

En Argentina no sólo no existen institutos especializados en mal de Alzheimer. Por momentos da la sensación de que tampoco existen médicos especializados (no me refiero a investigadores, sino a profesionales concienzudamente preparados para atender y contener a las víctimas de esta patología).

Recuerdo que, cuando buscamos geriátrico para mi padre, no encontramos ninguno con al menos una sala acondicionada para personas con Alzheimer. Los dos establecimientos que terminamos eligiendo no fueron excepcionales en este sentido.

Desde entonces siempre cuestioné la convivencia de personas que padecen distintas enfermedades. Por un lado, esa convivencia carece de fundamento terapéutico; en cambio parece responder a criterios económicos (cuánto más pacientes, más dinero ingresado; la “masificación” no exige especialización y la no-especialización admite sueldos más bajos).

Por otra parte, la convivencia afecta no sólo a quienes padecen Alzheimer (porque no reciben una atención adecuada), sino a los otros internos, sobre todo a quienes están mejor o directamente lúcidos. De hecho, aún ahora me cuesta olvidar la mirada compungida de algunos compañeros de habitación de mi papá - de aquéllos cuya salud mental era envidiable- cuando presenciaban ciertas conductas propias de la demencia.

Ante un anuncio como los mencionados, uno constata cuán lejos estamos del mundo desarrollado en términos de salud. Mientras en países como España contemplan la necesidad de crear centros asistenciales especialmente preparados para enfermos de Alzheimer, nuestros medios de comunicación siguen publicando noticias como ésta.

Vista así, la esperanza en principio transmitida por los artículos citados se diluye en cuanto volvemos a sumergirnos en nuestra cruda realidad, víctima del desamparo.