El legado de la pintura
Navegando por la Web, di por casualidad con un autorretrato de William Utermohlen, que inmediatamente me recordó la mirada difusa, desencajada de mi padre cuando estaba enfermo. Conmovida por ese rostro, busqué información y encontré que el pintor norteamericano padece Alzheimer hace años. También descubrí que, gracias a sus cuadros más recientes, los médicos del Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres pudieron hacerse una idea más acabada de las marcas que la patología deja a nivel cerebral.
Según el artículo de BBCMundo.com, la obra del artista plástico documenta la progresión del Alzheimer de modo esclarecedor. De hecho, sus trabajos dan cuenta del deterioro que afecta a las víctimas de la demencia senil: pérdida de la capacidad de abstracción y de destrezas gráficas, dificultades en la percepción espacial, desconocimiento progresivo de la figura humana y de la propia imagen.
Los dibujos que los doctores le pidieron a Utermohlen en la primera etapa de la enfermedad demostraron que, en esa instancia, el pintor aún era capaz de trazar brazos y piernas, aunque en una posición inexacta. También estaba en condiciones de reconocer que había un problema en sus cuadros, aunque no podía especificarlo ni remediarlo.
A Utermohlen se le diagnosticó Alzheimer en 1995, cuando tenía 62 años. Desde entonces y hasta 2001 el hombre siguió trabajando con sus telas y, de esta manera, mantuvo su lucha contra la enfermedad. Gracias a su coraje y tenacidad, hoy podemos saber un poco más sobre el mal y sus desdichadas consecuencias en quienes lo padecen.





