La experiencia del cónyuge
Hace un tiempo, este blog se refirió al denominado “síndrome del cuidador”, fenómeno que afecta la salud de quienes se encargan de un familiar con Alzheimer, sin contar con la ayuda de otras personas. En términos generales, aquel post mencionaba el “profundo desgaste físico y emocional” que sufre quien asiste al enfermo.
Hoy dejamos de lado la generalidad, y nos referimos específicamente a una situación particular, que se da cuando el cuidador es el esposo/a del paciente. Tema delicado si los hay, en Francia supieron tratarlo con sumo respeto y profesionalismo.
De hecho, en 2003 la editorial érès agregó a su colección “Pratiques du champ social” (en castellano, “Prácticas del campo social”) el libro Maladie d’Alzheimer: le vécu du conjoint (Enfermedad de Alzheimer: lo que vive el cónyuge), escrito por Régine Bercot, profesora de sociología de la Universidad de París e investigadora especializada en las relaciones generadas entre médicos, asistentes sociales y familiares de pacientes.
La obra gira en torno al testimonio de dos hombres y una mujer enfrentados a la enfemedad de su pareja. Sin renunciar a acompañar a sus esposos, estas personas padecieron el tormento del rechazo, de la exasperación, de la enajenación y sin embargo permanecieron fieles al compromiso asumido con su ser amado, con el consabido riesgo de perder su propia integridad física y psíquica.
Quienes se hayan encontrado/encuentren en esta situación pueden reconocerse en las reflexiones, dudas, anécdotas transcriptas. Probablemente también concuerden con la idea de que esta experiencia despierta sentimientos de impotencia, de culpa, de frustración, de angustia, de resentimiento, de desazón, pero también conduce al aprendizaje y a pequeñas conquistas que sostienen moralmente al cónyuge sano.
Después de tanto sufrimiento, ésta es la irrevocable victoria de los esposos abnegados frente a esa especie de muerte en vida que suele imponerse sobre quien -desde su vapuleado lugar marital- cumple con el durísimo rol de acompañante en el terrible e irreversible proceso cotidiano del Alzheimer.

