El Alzheimer desde el humor
Hasta hoy siempre tuve miedo de agregarle un poco de humor a estas páginas. De hecho, nunca quise que algún visitante tomara este “atrevimiento” como un síntoma de ligereza de mi parte o, peor aún, como una falta de respeto hacia los enfermos de Alzheimer y su entorno. Nada más alejado de mis intenciones, por si hace falta aclararlo.
Al mismo tiempo, cuando pienso en mi padre -víctima del mal y a quien le dedico este blog- y sobre todo cuando recuerdo su sentido de la comicidad, su risa contagiosa, me parece que la propuesta de incluir de vez en cuando una pequeñísima dosis de humor no está tan mal. Al menos sé que a él le habría gustado.
Igualmente, si queremos mantener la seriedad habitual de nuestras reflexiones, podríamos señalar la importancia de que los humoristas también se permitan hablar de demencia senil. Desde este punto de vista, se trata de otra manera de darle espacio a un tema que suele resultar urticante, cuando no tabú.
En definitiva, nosotros mismos -especialmente quienes de alguna manera hemos sufrido y seguimos sufriendo las implicancias de esta terrible enfermedad- sabremos otorgar legitimidad y nobleza cuando corresponda, y alzar nuestras voces cuando la mención deje de tener gracia o razón de ser. Difícil tarea, si las hay.
En fin… Ojalá estén de acuerdo conmigo, y acepten entonces la idea de citar este chiste de Rudy y Paz, publicado hoy por el diario Página/12. Ojalá, sobre todo, el aporte pueda dibujarles una pequeña sonrisa entre tanta pena y desazón.

