El síndrome del cuidador
Hace unos días, Luciana dejó un comentario manifestando preocupación por su tía, única responsable de cuidar a su abuela, víctima de demencia senil. De ahí la idea de redactar este post sobre el llamado “síndrome del cuidador”, fenómeno que afecta la salud de quienes quedan a cargo de un familiar enfermo, y no cuentan con la ayuda de otras personas.
En otra oportunidad, este blog trató sobre las consecuencias del Alzheimer en el entorno del paciente. “Quienes conviven con el enfermo -decíamos- y especialmente quienes lo cuidan o acompañan, padecen agotamiento, estrés, depresión”.
Dadas estas circunstancias, es importante escuchar la opinión de los entendidos. Navegando en la Web, encontré las declaraciones de la psicóloga María Dolores López Cantarero, quien sostiene que “el síndrome del cuidador” puede prevenirse y evitarse. Según esta colaboradora de la Asociación de Familiares de Alzheimer La estrella de Jaén (España), debemos buscar ayuda apenas nos enfrentamos al diagnóstico de un ser querido, “solicitando orientación y apoyo del exterior, y reforzando la organización de la familia para que toda la carga no recaiga sobre un mismo individuo”.
Entre otras cosas, López Cantarero se refiere al “profundo desgaste físico y emocional” que se da en las personas cuya vida empieza a girar alrededor del paciente, de una manera cada vez más exclusiva. Absorbido por la tarea, el cuidador “se vuelve muy irritable y presenta trastornos psicosomáticos, como dolores de cabeza o de espalda crónicos, fruto de un estrés acumulado que al final se manifiesta”.
Por eso, es de suma importancia buscar ayuda suplementaria: apelando a la colaboración de otros miembros de la familia, asistiendo a una organización de familiares y amigos, o contratando a personal especializado. Por supuesto, también existe la alternativa de internar al paciente en un geriátrico.
El artículo es muy interesante; pueden leerlo completo si hacen clic aquí. Sin embargo, tengan en cuenta que López Cantarero habla desde el contexto español. Esto significa que, aunque pertinentes, lamentablemente sus recomendaciones no son siempre aplicables a la realidad argentina y latinoamericana.
Hasta hoy siempre tuve miedo de agregarle un poco de humor a estas páginas. De hecho, nunca quise que algún visitante tomara este “atrevimiento” como un síntoma de ligereza de mi parte o, peor aún, como una falta de respeto hacia los enfermos de Alzheimer y su entorno. Nada más alejado de mis intenciones, por si hace falta aclararlo.
Da la sensación de que el

