Salvemos a la memoria

“La memoria guardará lo que valga la pena. La memoria sabe de mí más que yo; y ella no pierde lo que merece ser salvado”.
Las palabras de Eduardo Galeano en Días y noches de amor y de guerra vienen como anillo al dedo para insistir en la importancia de preservar la frágil memoria de los enfermos de Alzheimer. Quienes los acompañamos debemos estimularlos para que evoquen personas, lugares, anécdotas, retazos de vida.
Esto no significa que haya que atiborrarlos con datos, fotos, música. Mucho menos con interrogatorios. Se trata más bien de ayudarlos a rescatar y a articular los recuerdos que, a pesar de encontrarse aislados e inconexos, resisten los avances amnésicos del mal.
De esta manera, y retomando un poco al escritor uruguayo, salvar a la memoria se convierte en requisito indispensable para salvar a la persona.

