Sobre la divulgación científica de los medios

Durante esta última semana, estuve leyendo distintas noticias sobre hipótesis y diagnósticos que giran en torno a la enfermedad de Alzheimer. Algunas hablan de los beneficios de la cerveza o la nicotina para paliar un posible avance del mal; otras señalan una extraña vinculación con el herpes; la más reciente pretende entusiasmarnos con el desarrollo de un examen que podría detectar la patología antes mismo de que se manifiesten los primeros síntomas.
Repaso estos artículos y, tal vez porque no soy médica ni me dedico a la investigación científica, lo único que me dejan es una nociva combinación de escepticismo y frustración. Escepticismo porque me parece asistir a una demostración de falsos avances y hallazgos. Frustración porque tengo la impresión de que nuestros expertos se encuentran atrapados en un círculo vicioso enquistado en el viejo esquema de ensayo-error, ensayo-error, ensayo-error.
Estas reflexiones no son una reacción caprichosa del momento, y tampoco responden a un estado de ánimo hostil a las buenas nuevas. No… Ésta es la sensación que queda después de años de lidiar con una cobertura mediática que insiste en multiplicar notas sobre descubrimientos y conclusiones muy poco palpables, y muchas veces dignos de un relato de ciencia ficción.
Por todo esto, pienso que la atención que le prestamos a la divulgación científica de los medios debe ser cautelosa, distante. Es bueno mantenernos informados, pero siempre desde una postura lúcida, crítica, que prevenga las desilusiones típicas de cualquier promesa vana.


