Uno a cero

Mi padre falleció hace un año ya, y sin embargo el recuerdo de su enfermedad se mantiene intacto. Imágenes, voces, olores, dolores acechan mis sueños e incluso me sorprenden en momentos de vigilia. Contrariamente a lo que suele decirse, el pasado reciente sigue pisando fuerte y al menos por ahora inmoviliza cualquier amague de desenterrar tiempos más lejanos y felices.
De cerca, de lejos, el mal de Alzheimer se empeña en hacer gala de su faceta monstruosa y despiadada. Omnipresencia pura, no sabe de plazos temporales. Ni siquiera retrocede ante el avance de la muerte.
El cuerpo debilitado, consumido, vacío de sentido perdura en mi memoria y en la de quienes asistimos a su agonía. Las pesadillas lo recrean con el despunte de cada madrugada.
Por eso, igual que hace un año, los resultados se mantienen.
Mal de Alzheimer: 1 - Muerte: 0

