Archive para Mayo, 2005

Ojos bien abiertos

Auto Date Lunes, Mayo 9th, 2005

Siempre atentos

Emisiones como Telenoche investiga y otros programas periodísticos fueron bastante elocuentes a la hora de denunciar la suciedad, la chantada, la mala praxis, los malos tratos. Ni hablar de la noticia sobre aquel establecimiento de
la calle Superí, en pleno Belgrano R, donde murieron ahogados varios viejitos atados a sus camas, sin poder escapar de la lluvia que había empezado a inundar el sótano… Así es… La mala fama de los geriátricos argentinos no es gratuita, y en este post me permito aportar varios granitos de arena.

Mi papá pasó cerca de cuatro años en un mismo retiro del barrio de Belgrano. Me cuesta precisar el tiempo exacto porque, cuando el mal de Alzheimer lo sumió en una etapa de mucha agresividad, nos solicitaron amablemente que lo retiráramos del lugar “por su propio bien y por el bien de los demás pacientes”. Esto obligó a una suerte de paréntesis en su internación.

Aunque en el hogar trabajan algunas personas idóneas e incluso con don de gente, las autoridades no tenían/tienen absolutamente ningún compromiso con los enfermos ni con los familiares (¿o debería escribir “clientes”?). Lo único que les importa es embolsar el dinero a fin de mes, haciendo frente a la menor cantidad posible de problemas.

Por desidia, a mi viejo le mezclaron medicamentos, le arruinaron la ropa, le confundieron los pañales, le rompieron la única radio que tenía… Y peor… Por ejemplo, una tarde en que mi vieja fue a visitarlo, lo halló tirado debajo de la cama. Hasta ese momento, nadie se había dado cuenta de que se había caído o deslizado. Y así como lo encontraron, lo levantaron inmediatamente sin antes chequear si estaba conciente o no, si tenía algún hueso roto, lastimadura o derrame.

Escasez de personal que ya de por sí carece de experiencia y no recibe ningún tipo de capacitación, contratación en negro y por bajos sueldos, poca inversión en la compra de recursos necesarios para atender a los pacientes son algunos de los factores de la atención deficiente. Sin duda, la gran madre de toda esta situación es la falta de escrúpulos personales y de ética profesional.

Para demostrarlo, un útlimo dato… Mi madre pagaba el geriátrico religiosamente, los 13 de cada mes, en forma adelantada. La suma alcanzaba los $1300, pero la administración le entregaba una factura por la mitad de ese monto (la otra mitad ingresaba en negro). El hecho es que, al fallecer mi viejo el 16 de abril, nosotras ya habíamos efectuado el pago por los treinta días mensuales.

Ilusamente, pensamos que las autoridades del establecimiento nos cobrarían únicamente los días 13, 14, 15 y 16 de abril y nos devolverían el resto. Pero no, se quedaron con la totalidad del dinero, sin considerar ningún tipo de reintegro.

Por supuesto, como suele suceder en nuestro país, es poco lo que organizaciones como Defensa del Consumidor o la propia Justicia pueden hacer para reparar semejante estafa. Como único consuelo, me queda la posibilidad de usar este post en tanto recordatorio, advertencia, o como quieran llamarlo.

Por todo esto, si tienen a un ser querido internado en un geriátrico, por más honestos y competentes que sus responsables parezcan, por favor no dejen de observar, de controlar, de proteger, de exigir. En definitiva, los familiares y amigos somos los únicos que estamos del lado del enfermo.

La lucha continúa

Auto Date Lunes, Mayo 2nd, 2005

Aún a ciegas, la lucha continúa

Resulta difícil volver a escribir en este weblog cuando, tras el temblor, sobrevino la muerte. Así es: mi viejo falleció tres días después de la publicación del post precedente a éste, en Mal de Alzheimer.

A decir verdad, la parca fue mucho más piadosa que la enfermedad: se lo llevó discretamente mientras dormía. Esta vez, no hubo sufrimiento, degradación ni humillación. La partida fue discreta, casi insípida.

El vacío que quedó es menos profundo que las heridas infligidas por estos cuatro o cinco años de padecimiento. Es que, cuando el deterioro resulta irremediable e irreversible, cuando al ser humano se le arrebata su condición de persona, cuando el dolor no tiene compensación, la muerte se convierte en sinónimo de alivio, de redención. Uno llega a desearla, por el bien de quien es víctima directa de este infierno y por la salvaguarda de quienes rodeamos, asistimos, acompañamos al paciente.

Sin embargo, aunque ineludible, invencible e insuperable, la parca no pudo contra el mal de Alzheimer de mi padre. Es cierto que lo rescató de sus fauces. Pero también es cierto que nada logró contra las huellas imborrables que la enfermedad dejó en ese cuerpo desnutrido, debilitado, atrofiado, atormentado.

La demencia senil no sólo se apoderó de mi viejo, sino que interfirió en los recuerdos que tengo de él. Al menos por ahora, me resulta imposible desprenderme de sus ojos abiertos mirando siempre más allá, de las protuberancias de sus caderas, de sus piernas convertidas en piel y hueso, de sus brazos entumecidos, de sus manos acalambradas.

Confío en que el tiempo me ayudará a recuperar las imágenes de mi niñez con él. Confío en que algún día me despertaré reviviendo sus chistes pavos, nuestras idas a la plaza, al cine, al circo, al Ital Park, adonde yo quisiera. Confío en que yo misma podré deshacerme de su maldita enfermedad, y que incluso podré vencerla con mi voluntad, con mi memoria y, por supuesto, con este weblog.

Así es… La lucha contra el mal de Alzheimer continúa.