La inactividad, mala consejera

Según un estudio publicado por la revista American Journal of Epidemiology, de 480 personas con mal de Alzheimer, 130 solían permanecer inactivos, o a lo sumo participaban de una única ocupación. En cambio, sólo 84 tenían por costumbre realizar cuatro o más actividades. Dicho de otro modo, quienes llevan una vida dinámica parecen tener mayores posibilidades de prevenir la demencia. De acuerdo con el mismo informe, lo que importa es la diversidad y no la intensidad del ejercicio.
Entre 1992 y 2000, los investigadores observaron la vida cotidiana de 3375 hombres y mujeres mayores de 65 años. Los voluntarios fueron interrogados sobre la frecuencia y duración de las 15 actividades físicas más comunes en las personas mayores, tales como las tareas domésticas, las caminatas, la jardinería, el golf, el bowling, la gimnasia y la natación.
A simple vista, el estudio reveló que las personas embarcadas en ocupaciones variadas parecían menos propensas a sufrir demencia. También dejó entrever que incluso las actividades sedentarias como los juego de naipes pueden resultar beneficiosas.
“No se ha determinado la relación entre el número de actividades y el bajo nivel de demencia - aclara Constantine Lyketsos, epidemiólogo de la Universidad Johns Hopkins- pero podría ser que la variedad de actividades mantenga lúcidas a distintas partes del cerebro. “Al ejercitar el cuerpo, uno está ejercitando la mente, debido a que el cerebro es la central de coordinación de cualquier movimiento”, agrega el médico.
“No es necesariamente la energía que uno gasta -insiste Lyketsos- sino la variedad de lo ejercitado”. En este sentido, todo pasatiempo es bienvenido: desde la jardinería hasta la gimnasia aeróbica, pasando por una partida de dominó.

