Ojos bien abiertos

Emisiones como Telenoche investiga y otros programas periodísticos fueron bastante elocuentes a la hora de denunciar la suciedad, la chantada, la mala praxis, los malos tratos. Ni hablar de la noticia sobre aquel establecimiento de
la calle Superí, en pleno Belgrano R, donde murieron ahogados varios viejitos atados a sus camas, sin poder escapar de la lluvia que había empezado a inundar el sótano… Así es… La mala fama de los geriátricos argentinos no es gratuita, y en este post me permito aportar varios granitos de arena.
Mi papá pasó cerca de cuatro años en un mismo retiro del barrio de Belgrano. Me cuesta precisar el tiempo exacto porque, cuando el mal de Alzheimer lo sumió en una etapa de mucha agresividad, nos solicitaron amablemente que lo retiráramos del lugar “por su propio bien y por el bien de los demás pacientes”. Esto obligó a una suerte de paréntesis en su internación.
Aunque en el hogar trabajan algunas personas idóneas e incluso con don de gente, las autoridades no tenían/tienen absolutamente ningún compromiso con los enfermos ni con los familiares (¿o debería escribir “clientes”?). Lo único que les importa es embolsar el dinero a fin de mes, haciendo frente a la menor cantidad posible de problemas.
Por desidia, a mi viejo le mezclaron medicamentos, le arruinaron la ropa, le confundieron los pañales, le rompieron la única radio que tenía… Y peor… Por ejemplo, una tarde en que mi vieja fue a visitarlo, lo halló tirado debajo de la cama. Hasta ese momento, nadie se había dado cuenta de que se había caído o deslizado. Y así como lo encontraron, lo levantaron inmediatamente sin antes chequear si estaba conciente o no, si tenía algún hueso roto, lastimadura o derrame.
Escasez de personal que ya de por sí carece de experiencia y no recibe ningún tipo de capacitación, contratación en negro y por bajos sueldos, poca inversión en la compra de recursos necesarios para atender a los pacientes son algunos de los factores de la atención deficiente. Sin duda, la gran madre de toda esta situación es la falta de escrúpulos personales y de ética profesional.
Para demostrarlo, un útlimo dato… Mi madre pagaba el geriátrico religiosamente, los 13 de cada mes, en forma adelantada. La suma alcanzaba los $1300, pero la administración le entregaba una factura por la mitad de ese monto (la otra mitad ingresaba en negro). El hecho es que, al fallecer mi viejo el 16 de abril, nosotras ya habíamos efectuado el pago por los treinta días mensuales.
Ilusamente, pensamos que las autoridades del establecimiento nos cobrarían únicamente los días 13, 14, 15 y 16 de abril y nos devolverían el resto. Pero no, se quedaron con la totalidad del dinero, sin considerar ningún tipo de reintegro.
Por supuesto, como suele suceder en nuestro país, es poco lo que organizaciones como Defensa del Consumidor o la propia Justicia pueden hacer para reparar semejante estafa. Como único consuelo, me queda la posibilidad de usar este post en tanto recordatorio, advertencia, o como quieran llamarlo.
Por todo esto, si tienen a un ser querido internado en un geriátrico, por más honestos y competentes que sus responsables parezcan, por favor no dejen de observar, de controlar, de proteger, de exigir. En definitiva, los familiares y amigos somos los únicos que estamos del lado del enfermo.

